En Verano – 1931 – Pierre Bonnard

En Verano - 1931 - Pierre Bonnard

Les nabis, o Los profetas, fue un grupo de artistas post impresionistas pertenecientes a la Académie Julian. Siguiendo el enfoque artístico de Paul Gaugin, se propusieron expresar “la síntesis de la naturaleza en metáforas estéticas y símbolos personales”. Sea lo que esto signifique, las pinturas que produjo el grupo son una fusión particular entre la técnica del impresionismo y los colores del fauvismo.

A pesar de la simplicidad de los otros artistas, las composiciones de Bonnard son generalmente complejas. En la obra En verano, el artista retrata a su familia en una estancia en Normandía. Su esposa e hijos juegan en un camino rodeado de arboles y, en el fondo, observamos un valle con cultivos y algunas construcciones. Aquí, Bonnard usa colores brillantes, pero mezcla todos los tonos y hace que los planos de la obra se confundan. El personaje principal es, sin dudas, su esposa Marthe, quien irónicamente se destaca del resto de la composición por usar un vestido negro.

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Pierre Bonnard

Esta muestra es la primera retrospectiva que se realiza en España sobre la obra de Pierre Bonnard en más de treinta años. La exposición, organizada junto al Musée d’Orsay de París y los Fine Art Museums de San Francisco, presentará alrededor de ochenta pinturas, una docena de dibujos y medio centenar de fotografías –en su mayoría nunca vistas en nuestro país–, y podrá visitarse del 19 de septiembre al 10 de enero en la Sala Recoletos de Madrid.

Pierre Bonnard (1867-1947) fue una figura decisiva en torno al nacimiento del arte moderno y, a la vez, un artista cuya producción es profundamente personal, difícilmente clasificable. Miembro fundador del grupo simbolista de los nabis, sus aportaciones resultan fundamentales para comprender la transición entre el post-impresionismo y el simbolismo, en un momento en el que la pintura estaba sufriendo una revolución radical a través del color. Bajo la influencia de la pintura de Gauguin y de la estampa japonesa, Bonnard desarrolló un estilo propio, vivaz y verdaderamente original, en el que lo decorativo convive con un lirismo cargado de melancolía.

Bonnard prefirió mantenerse al margen de las corrientes vanguardistas imperantes para volcarse en su mundo cotidiano. Se centró en temas de su vida familiar, en los que la pintura va ganando poco a poco terreno a la realidad, y en paisajes que muestran una naturaleza arcádica, vibrante y luminosa, donde el poder expresivo del color toma un protagonismo cada vez más relevante. Bonnard, a quien con frecuencia se describe como el pintor de la felicidad, afirmó al final de su vida que «aquel que canta no siempre es feliz». De forma parecida, su pintura, bajo una apariencia de tranquila sencillez y de alegre armonía, se revela compleja y llena de matices.

Un nabi muy japonista

En 1888, con apenas veinte años, Pierre Bonnard fundó el grupo de los nabis junto a sus compañeros de la Académie Julian Denis, Vuillard, Ranson y Sérusier, inspirados por la tablita El talismán que este último había pintado siguiendo las indicaciones de Paul Gauguin. Los integrantes del grupo se autodenominaron profetas (significado de la palabra «nabi» en hebreo) pues pretendían plasmar en sus pinturas una verdad que fuera más allá del mundo visible a través de la exaltación del color, la simplificación de las formas y la trascendencia mística y enigmática de sus composiciones. En su aspiración por simplificar las manifestaciones artísticas hasta sus formas esenciales, los nabis, y en especial Bonnard, encontraron inspiración en el arte japonés, en cuestiones como el abandono del modelado ilusionista del cuerpo, la renuncia a la perspectiva central tradicional y la modificación de las leyes occidentales de la proporción y el movimiento.

Interior

Frente a sus compañeros del grupo nabi, Bonnard se manifestó enemigo de las teorías artísticas dominantes y de los asuntos pomposos y prefirió plasmar en sus lienzos su vida cotidiana. Sus interiores, con o sin figuras, no describen ningún hecho notable, pero hacen referencia a grandes temas y sentimientos, como la ternura, la soledad, la incomunicación o el erotismo. Bonnard consigue magistralmente provocar estas sensaciones al utilizar planos muy cercanos y en la mayoría de ocasiones cortados bruscamente para centrar la atención en un lugar, en una persona o en un grupo concreto. Pese a la sensación de familiaridad que transmiten estos interiores, los frecuentes cambios de perspectiva y la iluminación artificial refuerzan la impresión de encerramiento de los personajes, creando una atmósfera cargada de misterio.

Intimidad

Uno de los temas predilectos de Bonnard fue la representación del cuerpo desnudo dentro del ámbito doméstico y en especial las escenas de la intimidad del aseo femenino, entrevistas en sus lienzos a través de puertas y ventanas. La mayoría de estos desnudos representan a Marthe de Méligny –amante de Bonnard desde 1893 con la que finalmente se casó en 1925–, aunque también utilizó de modelo a otras mujeres que encarnan su ideal femenino: cuerpo menudo, piel nacarada, pecho elevado y rostro indefinido. Los desnudos de Bonnard presentes en la exposición permiten contemplar la evolución del artista, desde sus pinturas más oscuras y eróticas del cambio de siglo (L’Indolente o L’homme et la femme) hasta la explosión de luz y color que se produce en su obra tardía (Un dans un intérieur), pasando por obras que transmiten un erotismo extinguido, entre las que destacan las escenas de baño en las que el cuerpo lánguido de Marthe queda diluido por los colores y la luz que atraviesan el agua (Le Bain).

Retratos escogidos

El retrato es un género en el que volvemos a ver a Bonnard interesado por representar su realidad más cercana. Así pues, sus retratos están protagonizados por su círculo más cercano, que se muestra en actividades cotidianas, sin artificio ni posados: su compañera Marthe, su amante Renée Monchaty, su cuñado y amigo Claude Terrasse, sus amigos Thadée y Misia Natanson y sus marchantes, los hermanos Bernheim-Jeune. Estos retratos ofrecen una mezcla de observación y de subjetividad, de parecido y de deformación, de banalidad y de embellecimiento. Los autorretratos de Bonnard constituyen uno de los conjuntos más intensos de su obra. En ellos, Bonnard prescinde del contexto para presentarse, despojado de todo complemento, ante el espectador. Realizados para sí mismo, revelan con gran intensidad la angustia existencial, la profunda soledad y la casi monstruosa inquietud que con frecuencia le acompañaron.

Ultravioleta

En sus prolongadas estancias en las casas que adquirió en Normandía –«Ma Roulotte», en Vernon– y en la Costa Azul –«Le Bosquet», en Le Cannet–, Bonnard descubrió las posibilidades pictóricas del paisaje. A través de este género, proyectó su idea más íntima sobre la pintura y sobre el mundo como un lugar ideal y arcádico en completa sintonía con el hombre. En sus paisajes, Bonnard desarrolló una interpretación lírica de la naturaleza, donde lo real se fusiona con lo imaginario en unas composiciones saturadas de luz y de color. El amplio encuadre de sus paisajes transforma la perspectiva, dispersando los planos, con el fin de reproducir todos los ángulos de la visión en una misma superficie. Los paisajes pintados por Bonnard en Le Cannet vibran con todos los matices del amarillo, cuya efervescencia contrasta con un azul intenso que en ocasiones llega al ultravioleta.

Et in arcadia ego. Las grandes decoraciones

Bonnard siempre se consideró un pintor decorativo, y como tal dedicó parte de su producción a la realización de paneles para la decoración mural de residencias. Bonnard representó en estas obras un mundo arcádico y feliz, armonioso y pacífico, donde personajes contemporáneos y seres mitológicos aparecen en completa sintonía con la naturaleza, para la que tomó como inspiración la luz y el paisaje de Vernon y Le Cannet. La Arcadia monumental de Bonnard expresa así una alegría de vivir y una exaltación gozosa, que quedan matizadas a veces por una cierta angustia existencial. El poder expresivo del color tomó un protagonismo especialmente relevante en estas obras, en las que Bonnard desarrolla en gran formato similares inquietudes formales que en sus lienzos de tamaño mediano.

Obra gráfica
Aunque tenía a sus modelos y escenarios muy a mano, Bonnard raramente pintaba del natural. Por el contrario, solía realizar dibujos y acuarelas en las páginas de pequeños diarios y contaba con ellos, junto a su memoria, para realizar las pinturas en su estudio. El dibujo constituía por tanto para Bonnard un medio de pensamiento y una parte esencial de su creación. La selección de dibujos que se presentan en la exposición cubre distintas facetas y etapas de la creación de Bonnard, desde dibujos para proyectos decorativos hasta rápidos bocetos de la vida moderna, pasando por bodegones realizados en acuarela y gouache que suponen auténticos estudios de color para sus escenas de interior.

Fotografía

Al igual que muchos de sus contemporáneos, Bonnard se sintió fascinado por las posibilidades que le ofrecía la fotografía, entonces en pleno auge. A comienzos de la década de 1890, se compró una de las primeras cámaras portátiles de uso sencillo. Sus primeras fotografías registran momentos ordinarios de la vida familiar, en especial de las estancias estivales en la finca familiar de Grand-Lemps, sin más pretensión que la de integrar el álbum de recuerdos. Sin embargo, pronto comenzó a descubrir el papel que las fotografías podían tener para su pintura, pues le ofrecían modelos con poses tanto elegidas como espontáneas, cuya inmediatez e imaginación compositiva se ven reflejadas en muchos de sus lienzos. Especialmente impactantes son sus series de fotografías de Marthe desnuda bajo el follaje de su jardín de Montval y en el interior de su casa.

Un referente de la modernidad

PABLO JIMÉNEZ BURILLO
Comisario general de la exposición

Pablo Jiménez Burillo, Director del Área de Cultura de FUNDACIÓN MAPFRE, comisario general de la muestra de Pierre Bonnard. Autor de diversos artículos y textos para catálogos, ha comisariado numerosas exposiciones a lo largo de su carrera y ha sido nombrado Oficial de las Artes y las Letras por el Ministerio de Cultura francés.

«¿Es Pierre Bonnard un gran pintor?», preguntaba Christian Zervos, influyente crítico y autor del primer catálogo razonado de Picasso en la influyente revista Cahiers d’art a la muerte del pintor en 1947. La conclusión del artículo era clara y demoledora: no solo no había sido un gran pintor, sino que solo aquellos cuyo gusto estuviera inclinado hacia lo fácil y lo agradable podrían afirmar que sí lo era. Se tachó de ridículo considerar la pintura de Bonnard como «profunda», pues la profundidad de pensamiento y de sentimiento se entendía como prerrogativa de una vanguardia con la que Bonnard tenía pocas afinidades. El propio Picasso renegó contra Bonnard: «No es pintura, lo que él hace. Nunca va más allá de su propia sensibilidad. No sabe elegir, su paleta es un popurrí de indecisión […] No es verdaderamente un pintor moderno. Obedece a la naturaleza, no la trasciende». Pese a las críticas de Picasso y su círculo, Bonnard fue sin duda un artista moderno. Su primer cartel, publicado en 1891, inspiró a Toulouse-Lautrec a realizar sus propios carteles.

Bonnard, junto a Alfred Jarry, creó el primer libro de artista del siglo XX (Almanach illustré du Père Ubu, 1901). En la época en la que todas las miradas seguían la vía cubista, Bonnard dinamitó casi imperceptiblemente la forma en que miramos a los géneros más convencionales –desnudos, retratos, bodegones, paisajes–, transformándolos de forma radical a través de un lenguaje pictórico nuevo y singular cuya fuerza radica en las cuidadas relaciones de color que establece en sus lienzos.

Pero Bonnard no es solo uno de los grandes pintores que señalan una vía para la modernización de la pintura. Para nosotros, Bonnard desempeñó un papel muy importante como una de las grandes referencias para la pintura de los años ochenta. En pleno corazón del debate estético sobre el papel del arte, Bonnard fue aclamado no por su modernidad sino por su atavismo, por su devoción por la pintura pura.

Bonnard se convirtió para esa generación de artistas en un ejemplo de cómo salir de una pintura comprometida políticamente, excesivamente concentrada en la idea de problema, conflicto, tensión y lucha. Para los jóvenes pintores de esos años, Bonnard marcaba un camino de libertad, el gusto por el color y la pintura como un placer, como algo que era suficiente en sí mismo.

Un año antes de su muerte, Bonnard escribió: «Espero que mi pintura se mantenga, sin resquebrajaduras. Quisiera llegar ante los jóvenes pintores del año 2000 con alas de mariposa ». En esta exposición pretendemos mostrar la pintura de Bonnard en toda su diversidad y en todo su esplendor, sin resquebrajaduras, tal y como él mismo deseó.

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Posted by >Antonio Marín Segovia on 2014-09-13 07:23:14